Oración de un alma quebrantada | Madelin Reyes
Mi Dios, reconozco que te he fallado. He hecho lo malo delante de tus ojos y he obrado en contra de tu voluntad.
Hoy me acerco a tu presencia porque, desde lo más profundo de mi corazón, siento que no puedo vivir un día más lejos de Ti.
Todo este tiempo apartado de tu presencia, he sentido la herida de tu ausencia. Ese espacio que solo Tú puedes ocupar clama por tu regreso.
¡Te necesito, Señor!
¡Ven!
¡Ayúdame!
¡Sálvame!
Llena mi corazón con tu amor incomparable, porque han sido muchas las heridas que el mundo ha dejado en mí. Es grande el vacío que ahora siento—un vacío que solo Tú puedes llenar, una sed que solo Tú puedes saciar.
¡Te doy gloria, mi Dios!
Porque sé que has atendido mi clamor, has escuchado mi súplica y has calmado mi dolor y mi llanto.
¡Bendito eres, Señor!
Porque no desamparas al caído, ni borras su nombre del Libro de la Vida. Tú preservas la salvación de aquellos que te pertenecen; no perderás a ninguno de los que están guardados en la palma de tu mano.
En Cristo encuentro aliento de vida
y la esperanza gloriosa
de mi redención.
