Un solo Señor, un solo corazón | Madelin Reyes

 Aquí tienes el texto **reelaborado desde una perspectiva bíblica y calvinista**, con un tono exhortativo sobrio, realista y pastoral, evitando moralismo superficial y apelaciones meramente emocionales. He corregido el énfasis para que el centro no sea la fuerza de la voluntad humana, sino el **señorío de Cristo, la esclavitud del pecado y la obra transformadora de la gracia**.


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La Escritura es clara al afirmar que no se puede servir a dos señores. No es posible rendirle obediencia a Dios mientras, al mismo tiempo, se vive sometido a los deseos del mundo. El intento de mantener un corazón dividido revela una falta de comprensión del señorío absoluto de Dios. Muchas veces queremos acercarnos a Él sin renunciar a aquello que satisface nuestra carne, sin abandonar los placeres que el mundo ofrece y que resultan atractivos a nuestra naturaleza caída.


Vivir de esta manera produce una profunda inestabilidad espiritual. Hoy se busca a Dios y se experimenta cierta paz; mañana se vuelve al pecado y se disfruta momentáneamente, pero luego sobreviene el vacío, la culpa y la tristeza. Entonces surge el deseo de regresar a Dios, solo para repetir el mismo ciclo una y otra vez. Esta doble vida no conduce a la plenitud, sino al desgaste del alma. Roba la paz, enfría la comunión con Dios, afecta nuestras relaciones más cercanas y nos impide vivir conforme al propósito para el cual fuimos creados.


La raíz de este conflicto no es simplemente la falta de disciplina, sino una lealtad dividida. Con demasiada facilidad cedemos a los deseos de la carne y les otorgamos el control de nuestras decisiones. La Biblia no suaviza este diagnóstico: aquello que gobierna nuestro corazón termina gobernando nuestra vida. Nadie puede servir a dos señores, porque inevitablemente amará a uno y despreciará al otro.


Desde una perspectiva bíblica, el llamado no es simplemente a “esforzarnos más”, sino a reconocer que solo Dios puede liberarnos de la esclavitud del pecado. La verdadera obediencia no nace del temor ni de la autosuficiencia, sino de un corazón transformado por la gracia. Cuando Dios reina en el corazón del creyente, Él mismo produce el deseo y la capacidad de vivir para Su gloria.


Elegir a Dios no siempre es fácil, pero es el único camino que conduce a la vida. Bajo Su señorío hay dirección, cuidado y verdadera paz. No una paz superficial basada en emociones cambiantes, sino una paz firme, sostenida por la certeza de que pertenecemos a Aquel que gobierna todas las cosas.


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Si quieres, puedo:


* darle un **título doctrinal sobrio** (por ejemplo, centrado en el señorío de Cristo),

* ajustar el texto a un **formato devocional reformado**,

* o unificarlo con los otros escritos dentro de una **serie teológica coherente**.


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