Así es, mi amado hermano. Todo lo que acontece en nuestra vida ocurre porque el Señor, en su infinita sabiduría, lo ha permitido con un propósito. En ocasiones atravesamos pérdidas profundas, como las que usted ha vivido, y aunque el dolor nos abruma y nuestra mente no logra comprenderlo, podemos confiar en que los planes de Dios son perfectos y nunca se equivocan. La Escritura nos recuerda que a los hijos de Dios todas las cosas les ayudan para bien. Nada escapa de Su control; Dios está en todo, y nada queda fuera de Su voluntad soberana. Él reina con poder, pero también nos ama como un Padre tierno y compasivo. Aun cuando fallamos, si nos acercamos a Él con un corazón arrepentido, el Señor es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. En Él tenemos esperanza viva. Él es nuestro refugio seguro, nuestro amparo constante y nuestra fortaleza en medio de la tormenta. Como un buen y fiel Pastor, cuida de nosotros, guía nuestros pasos y nos concede Su paz. Siga confiando en Él. Es evidente que el Señor está obrando en su vida, aun cuando Sus planes, en ocasiones, no coincidan con los nuestros. Dios nunca llega tarde, y todo lo que permite tiene un propósito eterno.


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