Aquí tienes el texto **reescrito con un título incluido**, desde una **perspectiva claramente calvinista**, cuidando la precisión bíblica, la centralidad de Cristo, la doctrina de la **unión con Cristo**, la **elección soberana** y el carácter **confrontador y transformador** de la Palabra, sin lenguaje sentimental ni moralismo superficial.
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### **Cristo y Su Iglesia: la gracia que confronta y transforma**
Hechos 9:4–5 narra uno de los acontecimientos más decisivos de la historia de la Iglesia: la conversión de Saulo de Tarso. Saulo no era un buscador sincero de Dios; por el contrario, perseguía activamente a la Iglesia y procuraba destruirla. Sin embargo, cuando iba camino a Damasco con la intención de arrestar a los creyentes, el Cristo resucitado se le apareció soberanamente desde el cielo y le dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Ante esto, Saulo respondió: “¿Quién eres, Señor?”. Y Jesús le dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”.
Saulo nunca había visto a Jesús en persona, ni había tenido trato directo con Él durante Su ministerio terrenal. ¿Cómo, entonces, podía estar persiguiéndolo? La respuesta se encuentra en la profunda doctrina bíblica de la unión entre Cristo y Su Iglesia. Al perseguir a los creyentes, Saulo estaba persiguiendo al propio Cristo, porque la Iglesia es Su cuerpo y Él es su Cabeza. Esta verdad revela no solo la cercanía de Cristo con Su pueblo, sino también la seriedad con la que Dios considera cualquier daño hecho a aquellos que le pertenecen.
Este pasaje nos confronta directamente. No es posible afirmar amor a Dios mientras se desprecia, se hiere o se menosprecia a los hermanos en la fe. El apóstol Juan lo expresa con absoluta claridad:
> “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de Él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.”
> *(1 Juan 4:20–21, RVR1960)*
Desde una perspectiva bíblica y reformada, el amor al prójimo no es la causa de nuestra salvación, sino una evidencia de ella. La gracia que une al creyente con Cristo es la misma gracia que lo incorpora a Su cuerpo y produce un amor real —aunque imperfecto— por los demás miembros. Donde no hay amor por los hermanos, no hay señales de una fe genuina.
Estos pasajes nos recuerdan que la Palabra de Dios no necesita ser adornada para ser eficaz. No apela al sentimentalismo ni depende de recursos humanos para impactar el corazón. Las Escrituras, inspiradas por Dios, confrontan al pecador, humillan el orgullo y transforman la vida conforme a la verdad. Así como Cristo detuvo a Saulo en su camino y lo llamó eficazmente por gracia, Su Palabra continúa obrando hoy, revelando el pecado y conduciendo a los suyos a una vida que glorifica a Dios.
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* adaptar este texto a un **formato devocional reformado**,
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