Aquí tienes el texto **reescrito desde una perspectiva calvinista**, con un **título incluido**, cuidando la precisión bíblica y evitando un lenguaje triunfalista o centrado en el esfuerzo humano. El énfasis está en la **obra soberana de Cristo**, la **redención objetiva** y la **perseverancia del creyente** como fruto de la gracia.


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### **El gozo puesto delante de Cristo y la esperanza del creyente**


Por el gozo que le fue propuesto, Jesucristo fue a la cruz. No como una víctima de las circunstancias, sino como el Salvador que, conforme al decreto eterno de Dios, entregó voluntariamente Su vida para redimir a un pueblo esclavizado por el pecado. Él conocía la necesidad real del mundo: no una mejora moral, sino una liberación profunda que solo podía lograrse mediante Su sacrificio expiatorio. Por Su muerte y Su resurrección, la salvación fue asegurada para aquellos que el Padre le dio, y en Él somos verdaderamente libres.


Como consecuencia de esta obra redentora, los creyentes somos llamados a vivir una vida apartada del pecado y rendida a la obediencia a Dios. No para ganar la salvación, sino como respuesta agradecida a la gracia recibida. Este camino de santificación no está exento de sufrimiento. Seguir a Cristo puede implicar rechazo, aflicciones, persecución y luchas constantes contra la tentación. Sin embargo, estas pruebas no son señales de abandono divino, sino instrumentos que Dios usa para conformarnos a la imagen de Su Hijo.


Nuestra esperanza no descansa en una vida cómoda en este mundo, sinoEn esta vida tendremos que enfrentar diversas pruebas, algunas más difíciles que otras, sin importar nuestro nivel de fe. Sin embargo, las pruebas son necesarias porque por medio de ellas Dios fortalece nuestra fe. Y aunque en algunas ocasiones caeremos y saldremos lastimados, nos harán más fuertes, valientes y dependientes de Dios.


En la vida seremos puestos a prueba, algunas más difíciles que otras, sin importar nuestro nivel de fe. Sin embargo, algunas veces seremos vulnerables ante ellas, caeremos y nos lastimarnos, pero esto solo servirá para hacernos más fuertes, valientes y sobretodo dependientes de Dios. 


En la vida debemos de enfrentarnos a diferentes pruebas, las cuales no serán fáciles de superar. Habrán ocaciones en las que, caeremos y nos lastimaremos, pero a través de ello, nos volveremos fuertes, con un corazón valiente, lleno de esperanza y alegría, pues las pruebas nos ayudan a fortalecer nuestra confianza en Dios.






En algunas ocasiones, vemos las pruebas como si fueran enormes gigantes frente a nosotros. Esto hace que nos sintamos pequeños ante ellas, e impotentes para enfrentarlas hasta el final.




Hay veces en las que, las pruebas son demasiado enormes a simple vista, y nos sentimos vulnerables ante ellas, creyendo que difícilmente lograremos enfrentarnos a ellas, hasta el final. 




Algunas pruebas nos hacen perder la fe, debido al dolor y sufrimiento que generan en nosotros. Cuando no encontramos la salida, creemos que no existe. Aun cuando la realidad es muy diferente a la manera en que la percibimos. Y aunque el dolor y la vulnerabilidad nos dominen en ciertos momentos, eso no significa que Dios nos haya abandonado. Él sigue siendo fiel. Nuestras pruebas no nos pueden separar del amor de Dios. 


La vista se nos nubla, se nos enredan los pensamientos, nuestra fe comienza a tambalear, ¡perdemos la esperanza! Cuando no encontramos la salida a nuestras pruebas, creemos que no existe la salida. Nuestra confianza en Dios, comienza a debilitarse, porque no somos capaces de ver más allá de aquel agujero negro en el que nos encontramos. ¡Nos ahogamos en un mar de dolor y desesperanza! Pero, aún así, Dios nunca nos abandona, Él sigue siendo fiel a nosotros, permaneciendo a nuestro lado, a pesar de nuestra incredulidad.




Pedro se enfrentó a una situación donde su confianza fue puesta a prueba. Se vio desafiando a dar un paso que ningún otro ser humano había dado antes. Él sería el primer hombre (después de Jesús) en caminar sobre el mar.


El apóstol Pedro, se enfrentó a una situación difícil, donde puso a prueba su fe. Donde se le presentaron grandes pruebas para demostrar su confianza en Dios. Pruebas que, por lo general, parecían imposibles de enfrentar. Pedro se vio desafiado. Debía de superar sus expectativas humanas, debía de dar un paso que nunca antes la humanidad había dado. Pedro, sería el primer hombre (después de Jesús), en caminar sobre las aguas.




Jesús les pidió a sus discípulos que subieran a una barca, entre tanto, él despedía a la multitud. Cuando toda la gente se había ido, Jesús subió solo a un cerro para orar. Allí estuvo orando hasta que anocheció. Y mientras lo hacía, la barca ya se había alejado bastante de la orilla del lago. 


Jesús les ordenó a sus discípulos que subieran a una barca y que fueran a la otra orilla del lago. Mientras Él se quedaría para despedir a la gente y los alcanzaría después de haber despedido a la multitud. Cuando toda la gente se había ido, Jesús subió solo a un cerro para orar. Allí estuvo orando hasta que anocheció. Mientras tanto, la barca ya se había alejado bastante de la orilla;






A pesar de que al principio, Pedro mostró cobardía, también demostró su confianza en Dios. Porque él fue el único que se atrevió a caminar sobre el agua, cuando ninguno de los otros discípulos lo hicieron. Pedro confiaba en Jesús, él no dudaba de su poder. Porque sabía que, lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios. 


A pesar de que, en esta escena, Pedro, se ve como un cobarde, Pedro demostró su confianza en Jesús. Pedro, fue el único que se atrevió a caminar sobre el agua. Los demás discípulos, ni siquiera lo intentaron. Él confiaba en Jesús, él no dudaba de Su poder. Él sabía que, lo que es imposible para el hombre, para Dios es posible.




Pedro pudo haber ido hacia Jesús, si no hubiera desviado su mirada hacia los acontecimientos de su alrededor. Al observar el viento agitando el mar y la oscuridad de la noche, el miedo lo invadió y como consecuencia se hundió entre las aguas.


Pedro pudo haber alcanzado su objetivo (de ir hacia Jesús), si no hubiera desviado su mirada de Jesús, si no hubiera enfocado su mirada en los sucesos de su alrededor. Él observó aquel fuerte viento soplar, las aguas agitandose de un lado hacia otro, y estando en medio de la noche oscura, a Pedro le invadió el miedo de hundirse entre aquellas ferocez aguas.










 en la promesa firme de habitar eternamente en la presencia de Dios. Con los ojos puestos en esa gloria futura, el creyente persevera, sostenido no por su propia fortaleza, sino por la fidelidad de Aquel que comenzó la buena obra y la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.


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Si deseas, puedo:


* vincular este texto con los anteriores bajo una **serie cristocéntrica** coherente,

* ajustar el lenguaje a un **estilo aún más confesional reformado**,

* o ayudarte a seleccionar un **título común** para todos tus devocionales.


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